Crisis petrolera y política económica EL (NO) AJUSTE ECONÓMICO VENEZOLANO, por Kamal Romero*

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La economía debe ajustarse al nuevo escenario de menos divisas para importar bienes.

Actualmente estamos presenciando en Venezuela uno de los ajustes más brutales ante un choque externo que se recuerde en la historia económica reciente.

Ante una caída del precio del petróleo de 103 a 35 dólares por barril entre 2012 y mediados de 2016 —que se ha traducido en un descenso de los ingresos fiscales de 10 puntos del PIB estimado a finales de año por el FMI— la economía intenta acomodarse a un nuevo escenario caracterizado por menos divisas, menos recursos públicos para sostener la labor del Estado y un menor acceso a los mercados financieros internacionales.

En el caso venezolano, el descenso del precio del crudo se ve magnificado por una serie de vulnerabilidades producto de años de mala gestión económica, caracterizadas por un control de cambio que ha mantenido el tipo de cambio real a un nivel artificialmente bajo, incentivando las importaciones en detrimento de la producción nacional, y una política de controles de precios, que junto a una política laboral errada y un entorno hostil a la iniciativa privada, han reducido la producción nacional en 16% en solo 3 años.

¿Qué acciones de política económica debería realizar el gobierno venezolano ante esta situación? Los casos de ajuste exitosos llevados a cabo como respuesta a eventos similares acaecidos no solo en economías emergentes, sino recientemente en países desarrollados, han mostrado que para que éste sea menos doloroso en términos económicos y sociales, la política económica ha de estar orientada a[1]:

  • Corregir el desequilibrio de las cuentas públicas. Esto implica realizar un ajuste fiscal (elevar ingresos, reducir gastos y recuperar el acceso a los mercados de deuda internacionales) que permita adaptar las cuentas públicas a un escenario de menores ingresos y mayores costos de endeudamiento, de modo que el estado continúe teniendo la solvencia necesaria para seguir proveyendo servicios públicos y realizar políticas de compensación a los sectores más vulnerables.
  • Un ajuste de balanza de pagos que disminuya las importaciones de ciertos bienes y servicios al mismo tiempo que se expandan las exportaciones, debido a la menor disponibilidad de divisas para importar y un menor financiamiento externo que permita sostener el déficit comercial con el resto del mundo. Esto se suele lograr con un cambio en la rentabilidad de producir (y el costo de consumir) bienes nacionales en lugar de importar que permita al sector productivo reorientar sus recursos a actividades que permitan una mayor generación de divisas (bienes exportables), a la vez que pueda sustituir parte del componente importado que emplean otras empresas en sus planes de producción y las familias en sus cestas de consumo. Esto se suele lograr con un ajuste del tipo de cambio nominal que permita una depreciación real rápida, es decir, que abarate los productos locales en moneda extranjera de modo que sean más atractivos a la exportación. Cabe destacar que países que pertenecen a uniones monetarias no han podido aplicar devaluaciones nominales, por lo que la depreciación real se ha llevado a cabo a través de un ajuste de los precios y costos de producción internos, la llamada devaluación interna que ha resultado en ajustes más lentos y dolorosos.
  • Asistencia de organismos multilaterales que provean los fondos necesarios para que el ajuste fiscal y de balanza de pagos sea lo más suave posible, y así minimizar el costo social del ajuste y brindar mayor credibilidad al programa de estabilización.

A pesar de lo descrito arriba, la política económica en Venezuela ha distado mucho de la necesaria ante un choque de esta magnitud: no se ha realizado nada parecido a un ajuste fiscal integral cuyo objetivo sea restablecer el equilibrio presupuestario, no se ha avanzado hacia remover los controles sobre los mercados de bienes y divisas que han hecho al país más vulnerable y menos capaz de generar los recursos necesarios para satisfacer las necesidades de la población,  ni se ha hecho un esfuerzo en realizar una depreciación del tipo de cambio real que permita acomodar los planes de producción y consumo a unos coherentes con el nuevo escenario externo.

Aparte de los motivos ideológicos y de sostenibilidad política de la actual administración, un argumento detrás de la decisión de no realizar nada parecido a lo expuesto anteriormente, citado por analistas cercanos al partido del gobierno y miembros del mismo, se basa en que el costo en términos de bienestar social de implementar un ajuste es demasiado alto y además, recaería en su mayoría en los estratos de la población más desfavorecidos económicamente. A continuación expongo que no se ha conseguido posponer el ajuste, sino que la economía se está ajustando sin ayuda de la política económica y, por ende, dicho ajuste no solo es más severo, sino que el costo sobre las clases necesitadas es aún mayor.

Cómo responde una economía ante un choque externo

En aras de organizar la exposición de ideas empleo el trabajo de Korinek y Mendoza (2014), los cuales construyen un marco teórico que permite replicar la dinámica de los agregados macroeconómicos ante un llamado frenazo súbito: un abrupto cese de entradas de capitales debido a un choque externo. El trabajo se enmarca dentro de la estrategia teórica de incorporar fricciones financieras en el análisis, con el objeto de amplificar los efectos del choque externo (una caída del principal producto de exportación, por ejemplo) y acercarlos a los observados en economías reales. En el artículo se analizan 33 episodios de frenazos súbitos entre 1980 y 2004.

Ante un frenazo súbito operan dos mecanismos interrelacionados. Por un lado la economía recibe menos moneda extranjera y como consecuencia en el muy corto plazo caen la producción y el consumo debido al menor acceso a bienes importados. Asimismo al generar menos divisas se ve mermada la capacidad de pago de nuestros compromisos en moneda extranjera, lo cual hace a los acreedores internacionales más reacios a financiarnos en las mismas condiciones, limitando así el acceso a los mercados internacionales para compensar la caída de divisas.

¿Cómo opera el primer mecanismo? La economía debe ajustarse al nuevo escenario de menos divisas para importar bienes. Para poder incentivar la producción de bienes locales que sustituyan los importados y la de aquellos que puedan generar nuevas divisas vía exportación en el corto plazo, es necesaria una depreciación real del tipo de cambio que haga que la producción nacional sea menos onerosa en moneda extranjera y por ende más atractiva a los mercados foráneos. De este modo es rentable a las empresas realizar dichos movimientos sectoriales. Asimismo, la depreciación al encarecer los bienes importados en relación a la producción nacional, hace que los hogares acomoden sus patrones de consumo hacia los bienes locales en detrimento de los foráneos, llegando así a un nuevo equilibrio en el cual la economía se ajusta al nuevo entorno de menor disponibilidad de moneda extranjera.

Vamos ahora con el segundo mecanismo. La calidad de crédito y por ende el costo del endeudamiento externo de una economía viene dada por su capacidad de generar los recursos futuros en divisas necesarios para repagar sus compromisos. El choque externo al reducir los ingresos por exportación, automáticamente empeora la calidad crediticia ¿pero qué ocurre con los ingresos futuros? Dado que es complicado prever no solo los flujos de divisas futuros sino el deseo y compromiso de pago de una economía (que depende también de factores extraeconómicos), los países suelen estar sujetos a restricciones de crédito que dependen de variables observables en el presente. Del mismo modo que cuando solicitamos un crédito a un banco y este observa nuestro ingreso actual en lugar de estimar nuestro flujo de rentas futuras para determinar la cantidad máxima que podemos solicitar en préstamo. Esto implica que el acceso al crédito internacional depende en gran parte de la capacidad actual de generar ingresos, que a su vez es en parte función del tamaño de la producción interna o PIB.

Por ende, la caída inicial del PIB producto del frenazo súbito reduce los límites de créditos internacionales empeorando así el financiamiento en moneda extranjera. Pero la historia no acaba en este punto, debido a la depreciación del tipo de cambio consecuencia del primer mecanismo, el valor de la producción local en moneda extranjera se reduce. Si se producen bienes por valor de 100 bolívares a un tipo de cambio de 2 bolívares por dólar, la producción en dólares es igual a 50 dólares, si se deprecia el tipo de cambio a 5 bolívares por dólar el valor de la producción cae a 20 dólares.

Estamos en presencia de una doble caída del PIB, la primera en términos de bienes consecuencia del frenazo súbito, y una segunda en términos de valor en moneda extranjera debido al alza del precio de la divisa. Esta segunda caída disminuye aún más el límite de crédito. Korinek y Mendoza (2014) demuestran que la posterior reducción del crédito hace que se repita el ciclo de caída del consumo y depreciación, generando así un mecanismo amplificador que permite replicar las acentuadas caídas en el PIB, el consumo, la inversión y el precio de los activos observados en episodios de frenazos súbitos.

Nótese que si el tipo de cambio real no se deprecia, la única variable de ajuste que queda es una subsecuente caída de la producción de bienes, para de ese modo igualar los planes de producción de las empresas al menor consumo de bienes locales, que ante un tipo de cambio apreciado continúan siendo más caros en términos relativos respecto a los bienes importados.  Mientras menos se mueva el tipo de cambio real, mayor ha de ser la caída en la producción y más acentuada será la repetición del ciclo de caídas posteriores del consumo debido a la acción de la restricción de crédito.

Lecciones

¿Qué lecciones pueden ser útiles para el caso venezolano? La primera a nivel general, es entender que una economía no puede escapar a ciertos mecanismos de mercado y que precisamente los controles solo hacen que dichos mecanismos operen de manera lenta y a un costo mayor. Una lección más específica es que optar por no ajustar la economía a través de las acciones de política económica arriba enumeradas, no impide que la economía se ajuste ante la caída del precio del crudo, sino que lo hará a través de otras vías.

Como se ha analizado arriba, ante el desplome de los ingresos petroleros y por ende de la recaudación fiscal y la disponibilidad de divisas, la respuesta óptima de una economía de mercado sería una depreciación del tipo de cambio real. La cual, es cierto, podría tener un efecto contractivo que refuerza la caída inicial del producto vía las restricciones de liquidez, con los costos sociales y políticos asociados. Pero si al contrario se opta por no dejar que el tipo de cambio real se deprecie ni por la vía de una devaluación nominal ni un ajuste de precios internos, solo queda realizar el ajuste a través de mayores caídas de la producción interna de bienes.

En el caso venezolano, existen elementos que hacen que este ajuste sea aún más severo:

  • La caída de los precios del crudo afectan directamente la capacidad de financiamiento del fisco[2], lo que ha generado que la prima de riesgo de la República se haya más que duplicado desde la caída de los precios del crudo, exacerbando así el efecto negativo del canal de la restricción del crédito. El cual recuerden, es el canal que precisamente genera los ciclos de posteriores caídas de la producción y el consumo.
  • Ante la ausencia de un ajuste cambiario, la respuesta de política ha sido restringir aún más las divisas al sector productivo, amplificando la caída de la producción de bienes locales necesaria para ajustar la economía en ausencia de una depreciación del tipo de cambio real.
  • Las expectativas de que no se adopten medidas de política económica en un futuro cercano, paraliza aún más la inversión privada e incentiva incrementos en las posiciones de moneda extranjera de parte del sector privado por motivo precaución, empeorando el ciclo disponibilidad de divisas → caída de la producción → empeoramiento de la calidad crediticia de la nación.

La historia económica reciente señala más de un caso de ajuste pospuesto por no asumir el costo político, no es una novedad que diferir un ajuste no solo no siempre evita los costos a corto plazo sino que incrementa los costos futuros. Pero el caso venezolano actual no solo no ha diferido ningún costo al no realizar un ajuste económico, sino que los incrementa de una manera dramática a la vez que inaceptable socialmente. El ajuste no se ha pospuesto, se ha decidido hacerlo de la peor manera, sin ayuda de la política económica y recayendo sobre la parte de la población más susceptible económicamente.

Referencias

Fondo Monetario Internacional (2015). ‘Crisis Program Review’, 9 de noviembre. https://www.imf.org/external/np/pp/eng/2015/110915.pdf

Korinek, A. y Mendoza, E. G. (2014). ‘From Sudden Stops to Fisherian Deflation: Quantitative Theory and Policy’ Annual Review of Economics, Annual Reviews, vol. 6(1), pp. 299-332, 08.

*Kamal Romero es economista por la Universidad Central de Venezueña y profesor de teoría económica del Colegio Universitario Cardenal Cisneros (@vivecisneros), Madrid, España.

@kamromero

[1] Para un análisis detallado de las últimas experiencias de estabilización y ajuste ver Fondo Monetario Internacional (2015).

[2] Los ingresos petroleros representan aproximadamente la mitad de los ingresos fiscales.

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