Editorial de Fedesarrollo HACIA UN DEBATE TÉCNICO DEL FRACKING, por Luis Fernando Mejía

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Mejía: "En Fedesarrollo consideramos imprescindible la realización de pilotos con el propósito de orientar el debate y avanzar hacia la toma de decisiones con base en la evidencia."

BOGOTÁ – En el número 199 de la revista digital Tendencia Económica, editada por Fedesarrollo, Centro de Investigación Económica y Social, el tema del fracking adquiere mucha importancia. Compartimos con ustedes su editorial al respecto, elaborado por su director ejecutivo Luis Fernando Mejía con la colaboración de Diego Gutiérrez, Manuela Restrepo y Helena Suárez.

El uso del fracturamiento hidráulico, más conocido como fracking, ha sido objeto de un amplio debate en Colombia, dados los posibles efectos negativos en el medio ambiente y la salud por el riesgo de contaminación de las fuentes hídricas. En el plano internacional, no hay un consenso que permita determinar de forma general los costos y beneficios derivados de esta práctica. Mientras países como Estados Unidos y China se han beneficiado al usar masivamente el fracking, algunos países europeos, usualmente con menor potencial de producción, han prohibido su uso.

En Colombia el sector de hidrocarburos es una fuente importante de ingresos y divisas y su proceso de extracción representa el 66% de la producción del sector minero. En línea con lo anterior, este editorial tiene por objeto realizar una breve revisión de literatura, discutir sobre algunos casos internacionales, y argumentar la necesidad de conocer, con base en pilotos, los eventuales costos y beneficios del uso del fracking en Colombia.

Revisión de literatura y experiencia internacional

La literatura reconoce que el fracturamiento hidráulico, ha sido una de las innovaciones más importantes en el sector energético, pues permitió la explotación de yacimientos no convencionales (YNC). Esta técnica consiste en la perforación vertical y horizontal con el propósito de fracturar rocas poco permeables con alto contenido de hidrocarburos como el gas y el petróleo. Esto se hace posible gracias a la inyección a alta presión de una mezcla de agua, arena y químicos que facilita el flujo de estos combustibles hacia la superficie (Hashem, Mehany & Guggemos, 2015).

El uso del fracking empezó en Estados Unidos en 1949 (Gráfico 1). Esta técnica aceleró el ritmo de la producción de petróleo y gas natural, lo que llevó a reducciones en el precio de la energía, alteró la geopolítica internacional y benefició a la economía estadounidense (Feyrer, Mansur & Sacerdote, 2016; Bartik, Currie, Greenstone & Knittel, 2017). Lo anterior se ve reflejado en el aumento en la producción de petróleo de este país, alcanzando niveles históricos por encima de los 10 millones de barriles diarios (Gráfico 1). Tal como se puede observar en el Gráfico 2, a partir de 2015 el método predominante en la extracción de petróleo pasó a ser la fracturación hidráulica horizontal, contribuyendo significativamente a la producción de este importante commodity.

 

La fracturación hidráulica trae consigo beneficios económicos y sociales. Por un lado, mediante la explotación no convencional se incrementan las reservas de hidrocarburos concediendo autosuficiencia energética. Esto permite una reducción en la importación y un aumento en la exportación de estos combustibles, incrementando las exportaciones netas del sector. Además, este procedimiento puede generar un impacto favorable en la reducción de material contaminante en la medida en que disminuye el uso del carbón y facilita la sustitución de este por el gas natural.

Adicionalmente, esta técnica impulsa la creación de empleo y genera valor agregado. En particular, para el caso de Estados Unidos, Hashem, Mehany y Guggemos (2015) encuentran que entre 2003 y 2012 el número de empleos en la industria extractiva aumentó en 67%, mientras que en 2010 la industria de gas esquisto generó 600 mil trabajos distribuidos en varios sectores de la economía, generando 76 mil millones de dólares al valor agregado total. Además, Bartik, Currie, Greenstone & Knittel (2017) encuentran que el fracking aumentó los ingresos totales nacionales entre 4,4% y 6,9%, al mismo tiempo que los ingresos locales se incrementaron alrededor de 15,5%.

No obstante, según la Comisión de Expertos para el fracking, este procedimiento también conlleva potenciales riesgos relacionados con: i) contaminación de fuentes hídricas superficiales y subterráneas, y de la atmosfera, ii) sismicidad inducida por inyección y reinyección de fluidos en el subsuelo, y iii) riesgos asociados a la salud humana. De hecho, algunos estudios indican que los principales riesgos sobre las fuentes hídricas (derrames superficiales, eliminación de aguas residuales y contaminación de agua potable) se encuentran directamente asociados al mal manejo de los químicos empleados y al mal estado de los pozos (Jackson et al, 2014; Davies et al, 2014; Ingraffea et al, 2014). Esto último es consistente con los hallazgos documentados en Fontenot et al (2013), donde se evidenciaron mayores niveles de arsénico, selenio, entre otros elementos químicos en 100 pozos de agua potable cercanos a zonas de extracción no convencional. Con base en lo anterior, es de destacar que los riesgos asociados al uso del método de fracturación hidráulica no dependen per se de la técnica, sino en el buen manejo con la cual esta se lleva acabo.

En este contexto, el debate ha girado en torno a la adopción o prohibición del fracking alrededor del mundo. De hecho, países como Reino Unido, México y Colombia han venido contemplando el uso de este procedimiento, mientras que cuatro países europeos se han negado a la explotación no convencional (Francia, Bulgaria e Irlanda) o han puesto trabas a su desarrollo (Alemania). Más allá de las preocupaciones ambientales, el rechazo a esta técnica puede estar asociado a las altas barreras a la entrada al negocio petrolero en esos países, en comparación a las economías de escala ya establecidas en países con una participación significativa dentro de la industria extractiva.

Los principales productores de petróleo a nivel mundial son Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia, Canadá y China, que en conjunto representan el 51% de la producción mundial (Gráfico 3). En Arabia Saudita, Rusia y China, los costos por barril diario producido son inferiores a los 30 dólares (Gráfico 4). En Estados Unidos, el costo promedio sube a 36 dólares por barril al incluir el gas esquisto. Por su parte, en Canadá los costos por barril son de 41 dólares, que se explican a que gran parte de sus reservas petroleras se ubican en un bosque en Alberta, elevando sus costos de capital.

En 2011 Francia prohibió el uso del fracking bajo el argumento de que esta técnica resultaba contraproducente para el medio ambiente. Además, en 2017 ratificó su compromiso de transitar hacia el uso de fuentes limpias de energía, eliminando la explotación de combustibles fósiles en 2040. Sin embargo, en un país con una baja capacidad de producción petrolera, las consecuencias económicas de esta decisión son reducidas. De hecho, Francia importa el 99% del petróleo que consume y nunca ha sido un jugador importante en la producción mundial de petróleo, pues produce apenas 121.000 barriles diarios.

El caso de Bulgaria, Alemania e Irlanda es similar al anterior. En los tres países se argumentan razones ambientales para prescindir de esta técnica. No obstante, la producción histórica de petróleo convencional se ha mantenido en niveles bajos desde la década de los ochenta (EIA, 2019) y sus reservas petroleras son cercanas a cero.

Fracking en Colombia

En Colombia, las actividades relacionadas a la extracción de petróleo y gas natural representan aproximadamente el 66% del sector minero (5,7% del valor agregado total). Lo anterior, contribuye significativamente a la industria de refinación de petróleo, que en 2018 representó cerca del 12% del sector industrial (tercer sector productivo que más aporta al PIB, con una participación del 11,2%).

Más allá de su importancia dentro de la actividad productiva, la extracción de hidrocarburos tiene fuertes implicaciones sobre el comercio exterior y la sostenibilidad fiscal. Por un lado, las exportaciones de petróleo representan cerca del 41% del total de las ventas al exterior, que en 2018 generaron alrededor de 17 mil millones de dólares de ingresos. Por otra parte, en el frente fiscal los ingresos por concepto de renta petrolera representan cerca del 7,2% de los ingresos corrientes de la nación; mientras que a nivel local resultan importantes en materia de regalías y desarrollo social. Al respecto, el MFMP estima que en 2019 estos ingresos representarán cerca de 9 billones de pesos, equivalentes a 0,9% del PIB.

Actualmente, las reservas probadas de petróleo y gas se ubican en 6,2 y 9,8 años respectivamente. Lo anterior ha llevado al Gobierno nacional a considerar la opción de implementar el fracking en el país. De acuerdo con las estimaciones de la Asociación Colombiana de Petróleo, con la explotación de yacimientos no convencionales las reservas podrían extenderse alrededor de 18 años para petróleo y hasta 24 años en gas. Asimismo, según el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, la adopción de esta técnica aportaría cerca de 324 billones de pesos (30% del PIB) en un horizonte de 30 años.

Bajo estas estimaciones el país lograría una mayor seguridad energética y estabilidad fiscal en las siguientes dos décadas. Sin embargo, ante la incertidumbre de la aprobación de esta técnica de extracción dentro del territorio nacional, la producción de petróleo continuaría disminuyendo en el mediano plazo (Gráfico 6).

Al respecto, el pasado 17 de septiembre el Consejo de Estado decidió mantener las medidas cautelares por medio de las cuales se suspende la exploración y explotación de hidrocarburos mediante fracking en yacimientos no convencionales. Sin embargo, dejóabierta la posibilidad para adelantar proyectos piloto de investigación integral que empezarían en 2020 y demandarían una inversión de USD$ 600 millones. Las exploraciones iniciales se ubicarían en el valle medio del Magdalena y en la cuenca de Cesar-Ranchería. Sin lugar a duda, estos pilotos son importantes en la medida en que permiten identificar y cuantificar los potenciales riesgos, aclarando las posibilidades de realizar este proceso de forma segura, responsable y sostenible para las comunidades y el medio ambiente.

Volviendo al plano internacional, Bartik, Currie, Greenstone & Knittel (2017) concluyen que teniendo en cuenta el beneficio neto de costos sociales, la disposición a pagar anual por permitir el fracking en los Estados Unidos es de USD 2.500 por familia. Es decir, los beneficios económicos y sociales superan a los costos, y equivalen a aproximadamente el 4,9% del ingreso anual de esas familias.

Este hecho no implica que lo mismo ocurra en el caso colombiano, por cuanto el análisis para Estados Unidos podría carecer de validez interna para Colombia, por razones ambientales, geográficas o institucionales, entre otras.

Por esto desde Fedesarrollo consideramos imprescindible la realización de pilotos con el propósito de orientar el debate y avanzar hacia la toma de decisiones con base en la evidencia. Hoy el país no conoce los eventuales costos y beneficios asociados con la fracturación hidráulica. A través de estos pilotos, el país podrá saber si se encuentra en la capacidad de mitigar adecuadamente los riesgos ambientales e implementar un adecuado plan de manejo de los ecosistemas. De igual forma, podrá estimar oportunamente los beneficios derivados de esta actividad, teniendo en cuenta sus potencialidades en materia de empleo y producción, su papel indispensable en la sostenibilidad energética del país y la continuidad de importantes programas sociales.

Por supuesto, esto no impide continuar avanzando en el camino de la diversificación productiva, que permita reducir la dependencia de nuestras cuentas fiscales y externas del sector de hidrocarburos, así como continuar incentivando el uso de fuentes de energía renovables no convencionales, en cumplimiento de los compromisos internacionales de Colombia con la sostenibilidad y el medio ambiente.

Referencias

  • Bartik, Alexander W., Janet Currie, Michael Greenstone, and Christopher R.
    Knittel. 2019. “The Local Economic and Welfare Consequences of Hydraulic Fracturing.” American
  • Economic Journal: Applied Economics, 11 (4): 105-55.
  • Campetrol (2019). El fracking: Una decisión de país. Bogotá D,C, Disponible en: https://campetrol.org/wp-content/uploads/2019/03/CAMPETROL_El_Fracking_una_decision_de_Pais.pdf
  • Comisión de expertos del fracking (2019). Informe sobre efectos ambientales (bióticos, físicos, y sociales) y económicos de la exploración de hidrocarburos en áreas con posible despliegue de técnicas de fracturamiento hidráulico de roca generadora mediante perforación horizontal. Bogotá D,C, Disponible en:  https://justiciaambientalcolombia.org/este-es-el-informe-completo-de-la-comision-de-expertos-del-fracking/
  • Davies, R. J., Almond, S., Ward, R. S., Jackson, R. B., Adams, C., Worrall, F., … & Whitehead, M. A. (2014). Oil and gas wells and their integrity: Implications for shale and unconventional resource exploitation. Marine and Petroleum Geology, 56, 239-254.
  • Feyrer, J., Mansur, E. T., & Sacerdote, B. (2017). Geographic dispersion of economic shocks: Evidence from the fracking revolution. American Economic Review, 107(4), 1313-34.
  • Fontenot, B. E., Hunt, L. R., Hildenbrand, Z. L., Carlton Jr, D. D., Oka, H., Walton, J. L., … & Schug, K. A. (2013). An evaluation of water quality in private drinking water wells near natural gas extraction sites in the Barnett Shale formation. Environmental science & technology, 47(17), 10032-10040.
  • Jackson, R. B., Vengosh, A., Carey, J. W., Davies, R. J., Darrah, T. H., O’sullivan, F., & Pétron, G. (2014). The environmental costs and benefits of fracking. Annual review of Environment and Resources, 39, 327-362.Disponibleen: https://jacksonlab.stanford.edu/publication/environmental-costs-and-benefits-fracking
  • Ingraffea, A. R., Wells, M. T., Santoro, R. L., & Shonkoff, S. B. (2014). Assessment and risk analysis of casing and cement impairment in oil and gas wells in Pennsylvania, 2000–2012. Proceedings of the National Academy of Sciences, 111(30), 10955-10960.
  • Mehany, M. S. H. M., & Guggemos, A. (2015). A literature survey of the fracking economic and environmental implications in the United States. Procedia engineering, 118, 169-176.
  • Ministerio de Hacienda y Crédito Público (2019). Marco Fiscal de Mediano Plazo.
  • Seismological Society of America (2015). Myths and facts on wastewater injection hydraulic fracture, enhanced oil recovery, and induced seismicity

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