Farouk al Kasim EL IRAQUÍ QUE CONVIRTIÓ A NORUEGA EN POTENCIA PETROLERA, por Carlos Goedder 

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Farouk al Kassim
Según su visión, debía explotarse todo pozo al máximo, sin miedo al carácter no renovable del recurso, para propiciar innovación tecnológica y competencia.

Formado en el Imperial College de Londres, casado con una escandinava y con amplia experiencia en la industria energética de su país, este geólogo tuvo que mudarse al país nórdico para tratar la enfermedad de su hijo. Como caído del cielo en una industria que apenas comenzaba, se convirtió en una figura clave para la consolidación y diseño institucional del mayor exportador de hidrocarburos europeo.

El caso de Noruega es una referencia necesaria para exportadores petroleros. Además de su éxito técnico, la nación es un buen ejemplo de cómo la riqueza petrolera puede convertirse en prosperidad nacional compartida. Lisa Margonelli lo resume bien (1):

“Los países exportadores de petróleo generalmente tienen elevadas tasas de pobreza, conflictos internos y corrupción que constituyen una disfuncionalidad crónica conocida como la maldición de los recursos naturales. No es el caso de Noruega. El mayor exportador de petróleo y el segundo mayor exportador de gas natural ha encontrado, por el contrario, una suerte de bendición de los recursos naturales. Desde que el petróleo fue descubierto allí en 1969, Noruega ha continuado disfrutando de una democracia saludable y libre de corrupción, además de encontrarse entre los diez países con mayor PIB per cápita. Si tal cosa es posible, Noruega ha logrado convertir el petróleo en algo bueno: como pionero en prácticas de seguridad laboral y gestión ambiental, e incluso sacando el doble de petróleo de sus campos que el resto del mundo, ha extendido el boom económico del país por décadas”.

En efecto, la tasa de aprovechamiento media de los pozos petroleros en Noruega es de 46%, esto es, se ‘agota’ anualmente 46% de la reserva del pozo, mientras la tasa mundial promedio es de 25%. No obstante, gracias a innovación tecnológica para prospección y tasa de recobro, Noruega se mantiene como líder en producción de hidrocarburos (2).

Los desarrollos en tecnología y calidad de vida en Noruega incorporan dos ventajas importantes del mercado petrolero: azar bien aprovechado y movilidad internacional del recurso humano. Un iraquí, nombrado caballero por el Rey de Noruega en 2012, ha sido figura clave en el éxito noruego: Farouk al Kassim, nacido en 1934.

Farouk se formó en el Imperial College de Londres como geólogo, aprovechando el apoyo educativo del Reino Unido, cuando Iraq era aún colonia británica. Cuando culminó sus estudios en 1957, el recién graduado volvió a su país de origen. Ya Iraq tenía tradición petrolera: el primer pozo de uso industrial se había comenzado a explotar en 1927 y en 1929 se constituyó la Iraq Petroleum Company (3), inicialmente de capital turco, a la cual se unió Farouk. No regresó a su país solo: se había casado con una joven noruega a quien había conocido en el Reino Unido, Solfrid.

Farouk, a los 31 años, ya ocupaba el quinto lugar en la línea de mando de la IPC. Era considerado una figura importante para los objetivos de nacionalizar la industria petrolera iraquí, que se materializarían en 1972 al nacionalizar IPC y en 1975 al hacer lo propio con las multinacionales petroleras operando en Iraq (Venezuela hizo su nacionalización de la industria el primer día del año 1976, como referencia).  No obstante, se atravesó una circunstancia familiar difícil en la promisoria carrera del joven ejecutivo: su hijo menor fue diagnosticado con parálisis cerebral y sólo en Noruega, país de origen de la madre, habría un buen tratamiento para tal condición.

El propio Farouk comentó al Financial Times que tuvo dificultades para que le dejasen salir del país y renunciar a IPC, incluso aduciendo que se trataba de un traslado temporal a Noruega para atender la salud de su hijo. Tras meses de gestiones y dejando un cargo ejecutivo de alto nivel, llegó desempleado al aeropuerto de Oslo un día de mayo de 1968, tras escala en Londres y dispuesto a vivir un tiempo con sus suegros mientras encontraba trabajo en un país que carecía de reservas e industria petrolera (4).

El propio Farouk señala que detesta esperar. Debía quedarse cerca de diez horas en el aeropuerto de Oslo hasta que saliera el tren al pueblo donde vivía la familia de su esposa. Así que decidió visitar, ese mismo día que aterrizaba en su nuevo hogar, el Ministerio de Industria en Oslo. Su objetivo era pedir un listado de empresas petroleras operando en Noruega. Es preciso recordar que el iraquí llegaba al país de su esposa sin trabajo, con familia a cargo y un hijo enfermo.

Para el Ministerio de Industria noruego el iraquí debió parecer un enviado del cielo. Precisamente, en ese momento Noruega estaba echando los cimientos de su industria petrolera, haciendo prospección e intentando encontrar reservas de hidrocarburos en el Mar del Norte. La visita se transformó en una entrevista laboral, ya que los burócratas noruegos tuvieron el buen tino de darse cuenta que tenían en frente a un experto en geología y alto cargo de una petrolera a disposición, por un inverosímil azar favorable. Estaban desesperados por capital humano petrolero en el país escandinavo, así que se contrató de inmediato a Farouk.

El iraquí revisó durante un trimestre la información sobre 13 posibles pozos, mediante análisis estadístico y manual de mapas geológicos. Su conclusión fue que Noruega tenía un enorme reservorio de hidrocarburos. No obstante, era una suerte de profeta en el desierto y las petroleras estaban por desistir sobre la existencia de petróleo en el subsuelo o la plataforma continental noruega. La actual ConocoPhillips (en ese entonces sólo Phillips) se quedó explorando porque estuvieron por aplicarle un impuesto igual al costo anual de prospección, así que lo racional era usar ese mismo dinero para probar suerte. En el verano de 1969 hicieron un hallazgo que confirmaba el planteamiento de Farouk: una de las mayores reservas de hidrocarburos ‘aguas afuera’ (off-shore) del mundo, Ekofisk, cuya mayor producción histórica anual se alcanzaría en 2004.

Encontrar petróleo era una gran noticia, pero generaba recelos entre políticos noruegos, quienes temían un desbarajuste para su país, usualmente ordenado y predecible. Martin Sandbu (4) resume bien las aprehensiones vigentes sobre este tema en otros países exportadores, en aquel año de 1969:

“Los países pobres sueñan encontrar petróleo del mismo modo que la gente pobre fantasea con ganarse la lotería. Pero el sueño frecuentemente se convierte en una pesadilla cuando los nuevos exportadores petroleros se dan cuenta de que el tesoro trae problemas en lugar de ayuda. Juan Pablo Pérez Alfonzo, ministro de hidrocarburos en Venezuela, comparaba el petróleo con el «excremento del diablo». El jeque Ahmed Yamani, su contraparte árabe, dijo de modo notorio: «Desearía que hubiésemos encontrado agua en vez de petróleo».”

Ante estos riesgos, se comisionó a Farouk preparar un borrador técnico sobre cómo gestionar esta naciente bonanza petrolera. Durante una semana del verano de 1971, Farouk se trasladó con un colega de trabajo (cuyo nombre lamentablemente se pierde en el relato) a una cabaña campestre, donde durante una semana, entre discusiones y descansos para pescar, se preparó el documento. El geólogo iraquí resume el diseño institucional que presentaron como “la creación de un caos estructurado” (3). Conceptualmente, para Farouk era preciso que conviviesen el sector privado y el oficial en la industria petrolera. Para que el negocio de hidrocarburos fuera competente, era preciso que hubiera competencia. De este modo, sugirió la creación de una petrolera estatal, Statoil, hoy StatoilHydro y al mismo tiempo el establecimiento de una agencia regulatoria estatal independiente, la cual monitorizaría tanto a Statoil como a sus competidores privados. Se trató del Directorio Petrolero Noruego (Norwegian Petroleum Directorate), en el cual trabajaría Farouk por dos décadas, como responsable de gestión de recursos. Su propuesta se transformaría en Ley por el Parlamento Noruego.

Este Directorio fue una figura clave para establecer directrices de política petrolera y supervisar la industria. Si hay algo feliz en el diseño institucional colombiano es que la Agencia Nacional de Hidrocarburos tiene un concepto semejante.

El Directorio, por ejemplo, ha establecido un objetivo de “contaminación cero” en el mar noruego y esto ha propiciado desarrollo tecnológico para evitar tal polución, al punto que Noruega es actualmente un exportador de innovaciones petroleras amigables con el ambiente.

Otro concepto novedoso de Farouk y que explica la alta tasa de explotación petrolera noruega, es que debía “extraerse hasta la última gota” de petróleo”. Según su visión, debía explotarse todo pozo al máximo, sin miedo al carácter no renovable del recurso, para propiciar innovación tecnológica y competencia. Él mismo habló de la inyección de agua en los pozos para aumentar el recobro y sugirió técnicas como el incipiente horizontal drilling (perforación horizontal), que ha sido fundamental en el auge de petróleo no convencional estadounidense.

Esta visión se ha probado exitosa y contrasta con la visión apocalíptica que tuvo la respetable figura del mencionado Juan Pablo Pérez Alfonzo (1903-1979) en la industria petrolera venezolana. Esta frase del pensador y político venezolano resume su postura (5):

El petróleo dejado de producir no es petróleo perdido, tanto porque permanece en la tierra disponible para futuras necesidades como porque su tendencia secular a la valorización lo hará más codiciado.”

El fatalismo hispánico del buen Pérez Alfonzo le hacía desconfiar de la capacidad venezolana para gestionar la riqueza en reservas de hidrocarburos. Su visión era postergar la explotación y guardar las reservas del recurso no renovable hasta que hubiese mayor sabiduría y entendimiento para manejar esta bonanza. Tal enfoque contrasta con el optimismo noruego propiciado por el asesor iraquí Farouk al Kassim. Este último consideraba que la competencia entre multinacionales y la empresa estatal, colocándolos a explotar la mayor cantidad de petróleo posible, generaría un círculo virtuoso de innovación y productividad industrial. Indudablemente, Noruega partía de otras condiciones sociopolíticas e históricas, pero bien podría haberse plegado a una visión como la de Venezuela o Arabia Saudita, llena de miedo y casi culpa. Los resultados tanto petroleros como sociales de Noruega, frente al país sudamericano y el reino árabe, son la mejor forma de medir qué forma de pensar fue la más exitosa.

En Noruega también se consideró el problema de las generaciones futuras. No obstante, en lugar de mantener el petróleo en el subsuelo, se usó otra solución de ahorro. Se colocó, desde 1996, todo el ingreso fiscal anualmente obtenido desde la industria de hidrocarburos en un fondo soberano de ahorro. Este fondo en 2012 tenía saldo de 240.000 millones de libras esterlinas y en 2014 ya acumulaba un total de 800.000 millones de dólares estadounidenses (ver  fuentes en Notas 3 y 4). Arabia Saudita presume de reservas internacionales cercanas a esa magnitud (más de dos veces el PIB colombiano), pero las está consumiendo con su política de mantener el precio bajo. Noruega puede darse el lujo de dejar de usar los ingresos fiscales del petróleo precisamente por el grado de innovación industrial y prosperidad social que ha conseguido construir.

Si este es un relato feliz, hay que concluirlo con un aspecto no menos importante: el hijo de Farouk tuvo el tratamiento adecuado en Noruega y hoy es otro de los ciudadanos que ven materializada la prosperidad petrolera de modo tangible en sus vidas.

Notas

(1) MARGONELLI, Lisa. “How Farouk al Kasim saved Norway from its oil.” Pacific Standard, 28 de Enero de 2014. En: http://www.psmag.com/nature-and-technology/iraqi-vikings-farouk-al-kasim-norway-oil-72715

(2) Noruega es el décimo quinto productor mundial de petróleo, con 1.904.000 millones de barriles diarios de producción media en 2014. Ver: http://www.eia.gov/beta/international/?fips=no&trk=m

(3) Ver la entrada correspondiente a Iraq en Encyclopaedia Britannica, sección 9 en la versión “on-line”: http://global.britannica.com/EBchecked/topic/293631/Iraq/22944/Agriculture-forestry-and-fishing

(4) SANDBU, Martin. “The Iraqi who saved Norway from oil.” Financial Times, 29 de Agosto de 2009. En: http://www.ft.com/intl/cms/s/0/99680a04-92a0-11de-b63b-00144feabdc0.html

(5) MAYOBRE, Eduardo. Juan Pablo Pérez Alfonzo. Colección Biblioteca Biográfica Venezolana. Caracas: C.A. Editora el Nacional, 2010.

Bogotá, Mayo de 2015

carlosurgente@yahoo.es

@carlosgoedder

Facebook: Carlos Goedder

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