Nuevo presidente ejecutivo UN ‘CHICAGO BOY’ TOMA LAS RIENDAS DE PETROBRAS, por Gram Slattery

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El presidente de Petrobras, Roberto Castello Branco, durante la ceremonia en que asumió el mando de la firma en Río de Janeiro. Imagen de archivo. 3 de enero 2019. REUTERS/Sergio Moraes

RÍO DE JANEIRO – Dependiendo de a quién se le pregunte, varían las respuestas acerca de si Roberto Castello Branco, el nuevo presidente ejecutivo de Petroleo Brasileiro SA, salvará a la endeudada petrolera o la hundirá.

Exaltado por el presidente de extrema derecha Jair Bolsonaro, quien asumió el martes, Castello Branco escribió en una columna en junio que creía que Petrobras —como se conoce a la compañía— debería ser privatizada, una arriesgada propuesta incluso en un gobierno dominado por defensores del libre mercado.

Pero, desde que fue nombrado presidente ejecutivo en noviembre, reculó de esa idea y dijo que la medida no está considerada en su mandato. No obstante, ha indicado que sigue enfocado en un ambicioso programa de desinversión destinado a reducir la asombrosa deuda neta de Petrobras que se situó en 73.000 millones de dólares para el tercer trimestre.

Castello Branco ha criticado duramente al gobierno anterior por entrometerse en los precios domésticos del diésel. En una entrevista con Reuters el año pasado, también se quejó de que los tribunales bloqueaban las ventas de activos de Petrobras, que incluyen cuatro refinerías y una subsidiaria de un oleoducto conocida como TAG, entre muchas otras.

Su postura ha deleitado a los inversionistas, que quieren que la empresa se reduzca y consolide sus esfuerzos en los negocios principales, especialmente explotando los campos petroleros de aguas profundas de Brasil.

Sin embargo, algunos legisladores, jueces y sindicatos temen que Castello Branco regale algunas de las posesiones más preciadas de Brasil y han advertido que se interpondrán en su camino.

“Es la peor situación posible; es un zorro en el gallinero”, opinó Eduardo Henrique, líder del sindicato de trabajadores petroleros FNP, uno de los más grandes del país. “Ha venido para destruir a la compañía (…) y confrontar eso es nuestro gran desafío”.

Terreno pedregoso

Castello Branco, académico y exmiembro de la junta directiva de Petrobras y de la productora de mineral de hierro Vale SA, es parte de una camarilla de funcionarios económicamente conservadores en la administración de Bolsonaro que fueron formados en la Universidad de Chicago.

En América Latina, a los graduados de ese centro de estudios que promueven el libre mercado, quienes en ocasiones en las últimas décadas han disfrutado de una influencia significativa sobre los responsables de la formulación de políticas, a menudo se les llama ‘Chicago Boys’.

“Es interesante que, aunque es un liberal, va a ser el jefe de una empresa estatal”, dijo Carlos Langoni, un economista, quien asesoró a Castello Branco en su disertación en la década de 1970.

“Él ha sido muy consistente en sus ideas sobre la reducción del papel del Estado en la economía (…), sabe que las empresas estatales son excepciones”, añadió.

Sin embargo, está en duda hasta qué punto Castello Branco podrá poner en práctica sus ideas liberales.

Varios tribunales de Brasil han suspendido las principales ventas de activos de Petrobras en los últimos meses.

Asimismo, la compañía está involucrada en una disputa de miles de millones de dólares con el gobierno sobre una zona petrolera conocida como área de transferencia de derechos, mientras que el Estado le ha exigido que ayude a afrontar la factura de las compras de diésel subsidiadas desde junio.

Castello Branco, descrito por muchos a su alrededor como un hombre que exuda confianza, carece de la experiencia política de su predecesor Ivan Monteiro, quien destacó en las filas del estatal Banco do Brasil SA, que ha mantenido un balance saludable incluso en períodos de alta interferencia del gobierno.

Castello Branco ya despilfarró plumas en Petrobras en diciembre al montar una oficina antes de asumir oficialmente, dijeron fuentes. Su jefatura comenzó formalmente el jueves.

Los votantes brasileños se han opuesto sistemáticamente a la venta parcial o total de empresas públicas, incluso cuando apoyaron a un candidato que prometió reducir drásticamente el papel del Estado en la economía. Eso también podría dejar vulnerable la agenda de Castello Branco.

“Mucha gente que votó por (Bolsonaro) no estuvo de acuerdo con sus ideas”, dijo Henrique, el líder sindical. “Habrá un gran movimiento para enfrentar las privatizaciones, específicamente con Petrobras”.

(Reuters)

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