Opinión LOS HIDROCARBUROS EN EL DEBATE DE LAS ENERGÍAS RENOVABLES, por Julio César Vera Díaz

0
111
La aspiración de la humanidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es un propósito tan prioritario como la desaparición de la pobreza.

BOGOTÁ – La apertura del mundo hacia la diversificación y la transformación energética, movida por la condición finita del recurso hidrocarburífero y en especial del petróleo, el cambio climático y las polémicas agitadas por sectores conservacionistas, nos ha puesto a los actores del sector de hidrocarburos en el escenario de las energías renovables; un concepto que se apoya en la necesidad de encontrar fuentes de energía alternativas a los combustibles fósiles que sean eficientes, confiables y rentables.

Colombia y su sector de hidrocarburos está presente en este reto mundial, bajo el liderazgo de Ecopetrol, la cual estudia la constante actualización de la matriz de generación energética del país, siguiendo la ruta de otros países como Canadá, Estados Unidos, Noruega y Reino Unido. El referente para avanzar en este sentido, está en la identificación y seguimiento a la manera en que la humanidad consume energía.

No puede ser de otra forma. Aunque las aspiraciones conservacionistas son loables y todos desde nuestra humanidad guardamos conexión y simpatía con el propósito de preservar el medio ambiente, el desconocimiento del ser humano como parte del ecosistema y de su inevitable interacción con el entorno para soportar su supervivencia, hace ignorar que la conservación ambiental llega hasta donde la demanda de energía lo permite.

En otras palabras, las energías renovables van a encontrar su espacio en la medida que desarrollen la capacidad de costo eficiente de atender la demanda de la totalidad de energía del mundo, que tiene una tendencia creciente de acuerdo con los reportes de la Agencia Internacional de Energía, que prevé un aumento de 30 por ciento al año 2040, lo que se traduce en una tasa anual de 3,4 por ciento.

Esta realidad convoca a todos los actores de la industria petrolera para asumir el liderazgo del debate de las energías renovables como alternativa valiosa pero aún insuficiente. Los combustibles fósiles son la fuente privilegiada para la atención de la energía mundial, y si estamos tan preocupados en contribuir con propósitos mundiales como la erradicación de la pobreza, hay que generar conciencia que sin energía es imposible alcanzar propósitos de ese calado.

De tal manera que, hoy por hoy, los ingenieros de petróleos, con nuestra profesión fundada en criterios netamente técnicos y científicos, nos corresponde convocar a la sociedad en torno al privilegio y la oportunidad que se sigue representando para el país contar con fuentes para la exploración y explotación de petróleo y gas.  El gas juega y jugará un papel equivalente en la estructura energética de la nación, es el aliado del petróleo para un proceso de transición adecuado y en los tiempos que corresponde, hacia las energías renovables.

Cambio climático y calidad de vida

La aspiración de la humanidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es un propósito tan prioritario como la desaparición de la pobreza. Ambos conducen, de acuerdo con el consenso mundial, a un propósito de calidad de vida universal. El cambio climático preocupa a las generaciones y lleva a pensar, de manera colectiva, que la conservación ambiental es necesaria, al punto de considerarla un bien colectivo.

Esta comunión social ha estimulado a que sectores carentes de conocimiento técnico, se valgan de populares enunciados conservacionistas para asumir la vocería de estos temas. Se trata de acciones lógicas y respetables, pero en lugar de dar resultados que lleven al país a diversificar y transformar su matriz energética, solo han permitido la generación de un escenario socioeconómico convulsionado, polarizado y orientando a la opinión hacia una ignorancia que no permite alcanzar victorias en el propósito de mejorar el ambiente y estimular la generación de fuentes alternativas de energía.

En medio de esta confrontación —muy distante del ideal escenario de debate— aparecen opiniones autorizadas en favor de las energías renovables que rechazan de tajo a la industria extractiva, sesgando sus conocimientos en favor de los bandos populares conservacionistas y llevando al país a un claro concepto de pobreza energética. Ese afán de protagonismo plantea el escenario que debe orientar el plan de acción de los ingenieros de petróleos de Colombia, esquivos a ocupar primeros planos.

Ante el debate actual, la visión de nuestro sector y su perfil profesional no se reduce a los desarrollos y técnicas que nos resultan de vital importancia para aumentar la competitividad de los hidrocarburos en Colombia, sino que el escenario nos reta a involucrarnos en los debates que generan inquietud y zozobra en un país altamente beneficiado históricamente por la explotación del petróleo y el gas.

La base de esta visión no la brinda nuestra responsabilidad social, elemento que siempre hemos manejado y del que hemos ido aprendiendo con la maduración de su concepto. Si bien la industria petrolera le ha permitido a Colombia superar muchas brechas sociales con los recursos derivados de ella, las inconformidades y retos que nos plantean comunidades aun marginadas, nos demandan un compromiso y una responsabilidad e involucramiento mayor.

Esa responsabilidad social nos convierte a los ingenieros de petróleos colombianos en actores claves en los temas de cambio climático y calidad de vida. En nuestro sector es donde está la clave para un serio y adecuado desarrollo de las energías renovables, debiendo partir por explicarle a la sociedad colombiana que no se trata de tecnologías baratas y con capacidad automática de satisfacer las demandas nacionales de energía.

Es cierto que Colombia tiene potencial para el desarrollo de energías renovables. Su ubicación y recursos habilitan al país para la generación de fuentes alternativas de energía como la solar o la eólica. Se ha hablado de regiones históricamente lesionadas a escala social como La Guajira o los Llanos Orientales como escenarios óptimos para la implementación de ese tipo de fuentes generadoras, y el sector de hidrocarburos sin lugar a dudas es el primer aliado de estas iniciativas, dado que una fuente para el financiamiento de este tipo de iniciativas es, claramente, el generado por nuestro sector.

Ecopetrol lleva una década revisando la matriz energética del país y explorando alternativas para seguir siendo protagonista de la plataforma productiva colombiana. A la par de las actividades desarrolladas en torno a la exploración y explotación petrolera y gasífera, está abierta la empresa más grande del país al desarrollo de las energías renovables. Y los profesionales del sector al tanto de los avances, que son importantes, pero seguirá tomando décadas para que alcancen a ofrecer la cobertura requerida. Esto crea, necesariamente, un escenario de alianza entre los hidrocarburos y las energías renovables. No son antagonistas, van de la mano, y es lo que nos corresponde en adelante explicar para que la orientación de nuestra sociedad sea la adecuada y hagamos de esto una verdadera oportunidad.

Julio César Vera Díaz es presidente de la Asociación Colombiana de ingenieros de Petróleos (Acipet)

Dejar respuesta