Presidente Ejecutivo de Campetrol LA INDUSTRIA ENERGÉTICA NO HA BAJADO LA GUARDIA ANTE EL CUIDADO DEL AMBIENTE

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Las empresas del sector protegen la integridad de la vida y salud del personal activo, de las comunidades, de las operaciones y de los equipos.
El presidente ejecutivo de Campetrol, Germán Espinosa, respondió una serie de preguntas enviadas por el diario El Colombiano, sobre el cuidado ambiental de la industria del petróleo en el país y las afectaciones a partir de accidentes y atentados terroristas contra la infraestructura petrolera.
El compromiso de nuestro sector con el medio ambiente y los altos estándares para mitigar y atender los riesgos de  la actividad, están reflejadas en las respuestas que reproducimos a continuación.
Solo de Ecopetrol, se reportaron 323 incidentes, que provocaron derrames de 28.172 barriles, entre 2009 y lo que va de 2018. ¿Qué representa esto, ambientalmente hablando, para el país?
Si bien esta información es correcta, es importante ponerla en contexto para entender lo que puede representar en términos operacionales y ambientales. Si tomamos como punto de partida el año 2009, en el cual se presentaron un total de 116 incidentes ambientales por causas operacionales para un total de 7.533 barriles derramados en dicho año, estas cifras han venido disminuyendo progresiva y significativamente.
Así pues, para el periodo 2010 al 2014 el número promedio de incidentes fue de 34 por año y en el periodo de 2015 a 2018 el número de incidentes se ha reducido a un promedio de 11 por año. En cuanto a barriles derrama dos, en el periodo 2010 a 2014 la cifra fue de 3.900 barriles por día promedio al año y en el periodo de 2015 al 2018 se ha reducido a 150 barriles promedio al año, destacando la cifra de cierre de 2017 de 50 barriles por día promedio para ese año.
Esta situación si bien no es para nada deseable, si muestra una mejora en los planes de evaluación y gestión de riesgos. Estos planes, además de la evaluación de riesgos, incluyen planes de prevención y contingencia.
Lo más importante en un proceso de aseguramiento es la prevención, de esta forma deben implantarse programas de mantenimiento preventivo, para disminuir la ocurrencia de este tipo de eventos, que en muchos casos están asociados a la integridad de los activos, algunos ocasionados por la naturaleza (caso de Cantagallo).
Es muy relevante que se redoblen los esfuerzos tendientes a la prevención de este tipo de incidentes, mediante los análisis de riesgos y reemplazamiento de la infraestructura que sea necesaria.
Teniendo en cuenta los derrames recientes, que fueron por responsabilidad de las compañías y no por agentes externos ¿ cree que las empresas petroleras bajan la guardia en el seguimiento, revisión y mantenimiento de su infraestructura?
Recientemente se han presentado situaciones de carácter aislado que han generado mucha atención de parte de la opinión pública, lo cual demuestra el alto grado de sensibilidad que tiene hoy en día la sociedad colombiana sobre temas ambientales que generan impactos sobre el medio ambiente y las comunidades.
Como es de conocimiento público, en el caso de Lizama no se ha establecido la causa raíz del incidente, que está en investigación tanto por parte de Ecopetrol como de los entes de control, quienes han tenido una activa intervención. En efecto, la Procuraduría General de la Nación ha ordenado la apertura de investigaciones y algunas medidas disciplinarias preventivas, que son connaturales al debido proceso.
Este caso particular puede corresponder a múltiples causas, inherentes a la compleja situación del subsuelo, y que además pueden ser de tipo geológico, o en razón de las características de las estructuras y de los yacimientos, entre otros factores. Las cifras preliminares del derrame reportadas y que son de conocimiento público son de alrededor de 550 barriles (tentativo).
Este incidente debe investigarse para establecer la causa raíz y las causas concurrentes que originaron tal situación, para definir lecciones aprendidas y establecer procesos y procedimientos que impidan la repetición de eventos de este tipo a futuro y poder prevenir, mitigar y resolver los posibles impactos de situaciones similares.
Otro incidente que se presentó recientemente corresponde a un derrame por razón de la ruptura de una tubería de línea que transportaba crudo en el área de Cantagallo. Este incidente se puede calificar como aislado y asociado a las contingencias de una operación de este tipo. En efecto, de los análisis preliminares parece corresponder al comportamiento del río Magdalena, que en un fenómeno de aluvión normal en este tipo de corrientes, genera un lento alejamiento de las aguas dejando al descubierto el lecho fluvial, con los riesgos asociados que esto comporta.
Sobre este incidente no se tiene una cifra final de los barriles derramados, la cual está en revisión, pero por información pública pudiera estar del orden de los 100 barriles (tentativo).
Aparte de estos dos incidentes, no tenemos conocimiento de que recientemente se hayan presentado otras  situaciones de este tipo.
Tal como se ha explicado, la naturaleza de estos incidentes no nos permite concluir “que las empresas petroleras bajan la guardia en el seguimiento, revisión y mantenimiento de su infraestructura”. Por el contrario, la industria de hidrocarburos ha incorporado a su ADN corporativo y operativo las buenas prácticas en materia ambiental y de seguridad, constituyéndose estos dos elementos en pilares fundamentales de la gestión de las compañías, que tienen que dar cuenta sobre estos aspectos a sus accionistas e inversionistas.
Muchas empresas han adoptado la metodología de los informes de sostenibilidad GRI (Global Reporting Iniciative), institución internacional independiente que creo el primer estándar mundial de lineamientos para la elaboración de memorias de sostenibilidad, en los cuales se reconocen principios de buenas prácticas de actuación en materia económica, social y ambiental, así como la obligación de reportar los resultados de su gestión.
Las empresas del sector protegen la integridad de la vida y salud del personal activo, de las comunidades, de las operaciones y de los equipos. En desarrollo de este principio y del de prevención, la industria establece programas de seguimiento y control de las operaciones y, por supuesto, de la infraestructura, incluyendo en esta última un sistema integral de identificación y prevención de riesgos, programas de mantenimiento preventivo, correctivo, y de modificaciones y reemplazamiento de equipos e instalaciones que sean necesarios.
Esto hace parte de la esencia del negocio que basa su sostenibilidad en la protección de las personas y de los activos.
Adicionalmente, el sector de hidrocarburos es el más vigilado desde el punto de vista operacional y ambiental, como quiera que las entidades estatales de orden nacional y regional, como el Ministerio de Minas y Energía, la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS), la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), las Corporaciones Regionales, la Procuraduría General de la Nación, la Contraloría General de la República, entre otras, ejercen estricta vigilancia y control sobre el cumplimiento de la normatividad vigente en materia operacional y ambiental.
Por otra parte, la sociedad civil, a través de las organizaciones no gubernamentales y la comunidad misma, ejerce una auditoría ciudadana permanente sobre las operaciones en las regiones petroleras. En conclusión, las empresas del sector en ningún caso bajan la guardia y por el contrario elevan los estándares para satisfacer las cada vez más exigentes necesidades de transparencia y gestión.
Si bien la cifra es alta por ataques de grupos armados ilegales, también contra Ecopetrol, se derramaron 853.831 barriles en ese mismo lapso… ¿Cómo influyó o influye el conflicto en este sentido?
Lo primero es hacer precisión sobre el número de atentados de los grupos armados ilegales contra la infraestructura petrolera de transporte, los barriles derramados y los inmensos daños ambientales y sociales que le han generado a la sociedad colombiana. Por el momento, nos vamos a referir únicamente al oleoducto Caño Limón-Coveñas que en los 30 años de operación ha sufrido más de 1.500 atentados que han obligado al cierre del oleoducto en un periodo de tiempo agregado equivalente a 10 años, con un volumen de crud derramado superior a 3,6 millones de barriles, con los consecuentes daños ambientales que son invaluables. En efecto, en los últimos 10 años se han derramado 896.216 barriles por atentados en el marco del conflicto armado. De hecho, desde el 9 de enero de 2018, la operación del oleoducto Caño Limón.Coveñas está completamente paralizada. Lamentablemente, el conflicto armado ha tenido una influencia directa
¿Hay recuperación ambiental total tras un derrame de petróleo?
Depende de los casos. Hay algunas situaciones en las que puede darse una alta recuperación ambiental y otros en que, o no es posible, o la recuperación es muy baja. La recuperación está asociada a tres factores: del impacto del daño mismo, operativos y de costos.
Muy a pesar de que las compañías realicen todos los esfuerzos logísticos y administrativos existen pasivos ambientales, en los cuales dicha reparación toma mucho tiempo, en muchos casos décadas. Lo cual implica que no se logre una recuperación total.
De acuerdo con la BBC “hay ecosistemas que se pueden recuperar de una manera más rápida porque son más dinámicos. Pero si hablamos de ecosistemas de fondos marinos o de zonas costeras, en algunos casos su recuperación puede llegar a demorar hasta un siglo. Lo normal, es que si el vertido no es enorme, el ecosistema se recupere en 10 o 20 años.”
¿Cómo está Colombia frente a otros países petroleros, en cuanto al número de incidentes y barriles derramados?
Colombia tiene un contexto particular que enfrenta al país a problemáticas socio políticas que lo exponen más a la ocurrencia de incidentes y derrames que generan afectaciones sociales y ambientales. Por ello, para poder hacer una analogía acertada en el contexto latinoamericano se deben tener en cuenta los siguientes factores: orden público, conflicto armado y número de barriles producidos.
Por ejemplo, el Estado peruano ha tenido un impacto por derrames de 25.000 barriles aproximadamente en los últimos nueve años. En el caso de Ecuador, solo en la Amazonía, en los últimos 30 años, se han derramado aproximadamente 476.000 barriles. Finalmente México, país que tiene un contexto socio político más cercano al vivido por Colombia, del 2010 al 2015 se han presentado 3.446 emergencias ambientales por derrame de hidrocarburos. Así pues, no es posible hacer una comparación en cifras que tenga en cuenta de forma integral todos los factores que influyen en el número de incidentes y de barriles derramados. A pesar de ello, es necesario que los Estados continúen redoblando los esfuerzos para mitigar los riesgos al respecto y con ello generar mejores y más eficientes planes de prevención y mitigación.
¿La topografía colombiana o fenómenos climáticos pueden haber influido?
La topografía y los factores climáticos son elementos principales en la evaluación y prevención de riesgos. En Colombia tenemos 3 sistemas montañosos que hacen muy complicado el transporte de hidrocarburos a través de oleoductos, por ejemplo, el caso del oleoducto Caño Limón-Coveñas atraviesa la cordillera oriental, el oleoducto Trasandido atraviesa el macizo colombiano, y el oleoducto Central Ocensa la cordillera oriental, con importantes riesgos geotécnicos y de estabilidad. Los demás sistemas que si bien van por los valles (principalmente por el río Magdalena), en estos están presentes cuerpos de agua, ciénagas y lagunas que  constituyen riesgos muy importantes. En una operación en condiciones normales, estos factores podrían influir en la generación de incidentes, solo por citar un ejemplo, en el caso Cantagallo se presentó, como ya se mencionó, un fenómeno de aluvión por el cual se generó un derrame. Sin embargo, como se explicó en detalle, la gran
mayoría de vertimientos en los oleoductos han sido causados por atentados contra la infraestructura.

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