Producción sigue en picada EL OCASO DEL GAS DE LA GUAJIRA, por Martín Rosas

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Entre enero y diciembre de 2016, el campo Chuchupa pasó de 353 mpcd a 249 mpcd, con una reducción de 29%.

De acuerdo con el consolidado de producción de 2016, elaborado por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), es inminente el agotamiento de los campos de gas natural de La Guajira (Ballena y Chuchupa).

De una producción gravada en enero de 2016 de 57 millones de pies cúbicos diarios (mpcd), el campo Ballena terminó en diciembre con apenas 21 mpcd; es decir, un descenso de 63 % en el año. En el mismo lapso, el campo Chuchupa pasó de 353 mpcd a 249 mpcd, con una reducción de 29%.

La caída libre de la declinación de los campos de La Guajira se ve reflejada además en que mientras en 2015 representaban 42,6% del total de la producción gravada nacional, a diciembre de 2016 esa participación se redujo a 28,5%.

Hay que recordar que el gas guajiro fue durante varios decenios la principal fuente del energético en Colombia. De hecho, fue a raíz de esos descubrimientos —a comienzos de los años setenta del siglo pasado— que el país comenzó utilizar de manera masiva esta fuente de energía, por entonces abundante, económica, eficiente y, sobre todo, más limpia que el petróleo y el carbón, dando origen a la denominada ‘revolución del gas natural’, al punto que hoy representa la cuarta parte de la matriz energética primaria del país.

La historia

En 1973 la Texas Petroleum Company (Texaco, hoy Chevron) exploraba las costas del departamento de La Guajira en busca de petróleo, cuando a mediados de ese año se topó con un yacimiento de gas libre. Lo bautizaron Ballena, un reservorio con reservas por 668 gigapiés cúbicos (gpc).

Unos cuantos meses después, una perforación mar adentro a 5.600 pies de profundidad ofrecía una nueva sorpresa. Se descubría el campo Chuchupa con reservas por 2.819 gpc. Para 1975 Texaco confirmó un tercer hallazgo, esta vez de 110 gpc muy cerca de Rioacha, hoy ya clausurado.

Fueron esas enormes reservas las que permitieron la expansión del gas natural al resto del país, con la construcción del gasoducto para conectar la costa con el interior, pues hasta entonces solo el Caribe colombiano, especialmente la industria de Barranquilla y Cartagena, se beneficiaban con las bondades del energético.

Ahora, cuarenta años después, la declinación de producción de los campos de La Guajira se da en medio de una persistente caída de las reservas del país. De unas reservas totales de 6,4 terapiés cúbicos (tpc) en 2013 se pasó a 5,9 tpc en 2014, a 5,4 tpc en 2015 y a 4,0 tpc al cierre de 2016. Una reducción de 37,5% en los últimos cuatro años.

“Estas cifras muestran una constante disminución, al tiempo que la actividad exploratoria viene decayendo de forma acelerada, principalmente por los bajos precios de los hidrocarburos y la crisis que se desató en las grandes empresas petroleras ante esta coyuntura”, señala el Plan Transitorio de Abastecimiento de Gas Natural, elaborado por la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME).

El documento publicado a finales de 2016 agrega que “la cuenca de La Guajira presenta una fuerte declinación, proceso que de alguna forma es contrarrestado por la oferta de las cuencas de los Llanos Orientales y el Valle Inferior del Magdalena (VIM). No obstante, para el año 2025, además del ya mencionado descenso de los campos de La Guajira, se sumará el campo Cusiana, que inicia su proceso natural de declinación, por lo cual la importación se constituye en la alternativa, en caso de no incorporar nuevas reservas de gas natural.”

Efectivamente, la cuenca del VIM tiene una importante participación en la oferta total nacional, gracias al aumento de producción de los campos La Creciente, Nelson, Palmer y El Difícil, y a la entrada en producción de Clarinete.

No obstante, su mayor participación ha estado limitada por la insuficiente infraestructura de transporte, aunque para diciembre de 2017 se anuncia la entrada en operación del gasoducto Jobo-Bremen, con una capacidad de 40 millones de pies cúbicos diarios (mpcd), y para finales de 2018 la ampliación del gasoducto de Promigas entre Jobo-Cartagena-Barranquilla, con una capacidad de 100 mpcd.

Simultáneamente, la Transportadora de Gas Internacional (TGI) adelanta los trabajos para darle bidireccionalidad al gasoducto desde Barrancabermeja hasta Ballena, con el fin de llevar gas a la costa desde los Llanos Orientales; y la planta de regasificación de Cartagena dispone de una capacidad de 400 gbtud de gas natural importado, el cual comenzó a llegar en mayo pasado.

Los campos de La Guajira seguirán declinando a la par con las reservas del país, que hacia el 2025 llevarán al país a importar gas natural, en caso de que no se incorporen nuevas reservas, en medio de un ambiente negativo, tal como concluye el documento de la UPME:

“En resumen, la caída en la producción, la ausencia de nuevos desarrollos, la disminución de taladros, la reducción en los kilómetros de sísmica, entre otros aspectos, junto con la reducción de inversión, llevan a pensar que las incorporaciones de reservas van a seguir limitadas, además de que el aumento de conflictos sociales y ambientales en los últimos años (licenciamiento ambiental y revocatorias de las mismas), perjudica la percepción de estabilidad jurídica, afectando la atracción de inversión, imposibilitando una mayor búsqueda de recursos en el país y por consiguiente la aproximación hacia la pérdida de autosuficiencia de gas natural.”

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