Opinión NOVENTA AÑOS DEL CRACK DEL 29, por Rubén Orlando Noguera*

0
34
En el otoño de 1929 se produce el caos.

“La doctrina del mercado libre configura la Bolsa como el más impersonal de los mercados”

John K. Galbraith     

Cuando las potencias coloniales europeas optan por los campos de batalla para dirimir su supremacía en el orden político del viejo continente —desencadenando la primera guerra mundial—, el déficit industrial que algunas de las naciones beligerantes presentaban fue atenuado gracias al incremento de la producción de un conjunto de naciones no beligerantes, que suministraron a las potencias en guerra, productos, servicios, armas, y capitales.

Finalizada la guerra, sobreviene una crisis de sobreproducción, porque al no producirse la expansión de los mercados por la situación posbélica de los europeos, la acumulación de stocks, y la caída de los precios —particularmente en el sector agrícola— terminan generando bajos salarios y bajos niveles de renta y consumo.

Del otro lado del Atlántico, el capitalismo norteamericano vive un período de auge que, genera crecimiento. Su superávit comercial con ultramar se incrementa más de cuatro veces entre 1913 y 1917, llegando a 40% de la producción industrial mundial. La dependencia de las insolventes potencias europeas de las importaciones provenientes de territorio norteamericano, así como de los capitales en forma de préstamos a corto plazo es abrumadora. Para 1918, Estados Unidos se erige como la gran potencia industrial y financiera. Son años de bonanza y consumo. La circulación fiduciaria promovió el paulatino incremento de los precios, forzando el traslado de las reservas de oro hacia los países solventes.

La especulación de valores, antesala del colapso bursátil

En esos años de crecimiento, los desarrollos tecnológicos crearon nuevas áreas industriales —electricidad, automóvil, acero, petroquímica, cine, radio— que facilitaron nuevas posibilidades para los inversionistas. El capitalismo financiero de entonces promueve nuevas y variadas combinaciones especulativas en los mercados.

En la medida que gana fuerza se va transformando en el más importante de los negocios; bancos, empresas, agentes de cambio, sociedades, inversionistas, todo giraba en torno a una vorágine especulativa que cobra nuevos ímpetus cada día.

Con la creación de los bonos Liberty, libres de impuestos a las ganancias, millones de inversionistas se convierten en compradores. Wall Street es una nueva Babilonia, donde todo es factible de ser negociado, invertido y especulado.

Hacia 1927, los precios caen afectando el intercambio internacional hacia Europa y reduciendo los préstamos con los cuales se sostenían las economías regionales, proceso que culminó en medio de grandes desequilibrios. En este escenario, representantes de la banca europea, renegociaron con la Reserva Federal, un paquete de nuevas condiciones de política monetaria. Entre ellas, se reestructura la Tasa de Redescuento y se compran valores gubernamentales en grandes proporciones, muchos de ellos reinvertidos luego en acciones comunes, que terminaron impulsando el afán especulativo en la Bolsa, sobredimensionando de esta manera la oferta de valores y saturando la demanda.

Diarios de la época

John K. Galbraith, plantea tres factores para que un mercado como el de 1929 se sustentara en la especulación como la actividad fundamental:

  • El tradicional: basada en la consecución de beneficios en las empresas.
  • Segundo: el mercado de valores se convirtió en el sitio donde la mayor parte de los inversionistas estaba persuadida, de que era posible enriquecerse.
  • Finalmente: negociaban con acciones aquellos que estaban conscientes de que se vivían momentos de alzas especulativas, pero que esperaban sobrevivir cuando se produjera la caída del mercado. (1)

De esta manera, el mercado de valores se convirtió en el centro de atención y de comportamiento de centenares de miles de personas, movidas por el delirio de enriquecerse a corto plazo.

Para enero de 1929, el ciclo de crecimiento en Estados Unidos es de ocho años consecutivos, y el promedio de precios que diariamente publicaba el New York Times, basado en las veinticinco acciones industriales más representativas tenían cuatro años consecutivos de cerrar en alza. (2)  

En el otoño de 1929 se produce el caos. El hasta entonces indetenible proceso especulativo de la Bolsa de Nueva York —alrededor del cual participaban hasta un millón de personas— no puede responder a la creciente demanda de dinero proveniente de los créditos suspendidos. Al producirse el colapso, muchos países europeos vieron repatriados sus capitales en deudas, dejando sin núcleo financiero sus empresas.

Para agosto de 1929, la mayor parte de las acciones están sobrevaluadas. Cuando comienza el temor y la duda acerca de la robustez del mercado, se produce el estallido de la burbuja. El jueves 24 de octubre —Black Thursday— se perdieron 10 mil millones de dólares en acciones. Ese día, casi trece millones de acciones cambiaron de propietario. Con breves paréntesis, protagonizados por los banqueros que acudieron a tratar de estabilizar el mercado con adquisiciones de última hora, las jornadas a la baja prosiguieron. Así el lunes 28 de octubre el Dow cayó 12,9%. El martes fue devastador, con 16 millones de acciones negociadas. En los próximos dos días, los precios de las acciones siguieron bajando, continuando de esa manera en las siguientes semanas. (3)

La crisis que genera la caída del mercado de valores se traslada luego a la industria y al comercio, pues muchos de los créditos que mantienen estos sectores económicos, se obtuvieron a través del valor de los títulos que ya no existían.

La bancarrota se extiende ahora a Europa, dónde países que dependían de los créditos norteamericanos para su reconstrucción agudizan sus crisis. La situación política y económica en Alemania y Europa Central traerá nefastas consecuencias. Inglaterra termina abandonando el Patrón Oro y devaluando la Libra.

El Crack del otoño de 1929, constituyó el comienzo de la depresión de los 30, el periodo histórico más oscuro para la historia de los Estados Unidos, agravando la crisis que la primera guerra mundial había dejado sobre Europa.

Notas:

  1. Galbraith, J.K: La Gran Depresión. Historia del s. XX Ed. Vergara 1972
  2. Ibid
  3. Richard, Roberts: Wall Street. The Economist. 2008

*Economista y profesor universitario (UCLA)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here