Su origen y sus alcances ¿QUÉ ES EL RENTISMO PETROLERO?, por Carlos Goedder

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Rentismo
Lejos de ser un problema hispanoamericano, la renta de los yacimientos petroleros también está en la agenda de naciones anglosajonas y escandinavas.

Al hablar de renta petrolera es conveniente entender la genealogía del término y sus definiciones técnicas, evitando la simplificación de un tema crítico para Venezuela, Colombia y Ecuador

El término ‘rentismo’ no está en la Real Academia de la Lengua Española. Proviene del vocablo inglés rent. Precisamente por el tema de la ‘renta petrolera’, muchas investigaciones sobre este término han sido hechas por autores venezolanos.

Asdrúbal Baptista (1) rastrea el origen del término renta y señala que proviene de una confusión idiomática. La primera traducción castellana del célebre primer gran manual de economía, La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, escrito en 1776, fue realizada en 1794 por José Alonso Ortiz y este tradujo como renta dos términos diferentes que usaba Smith, rent y revenue. Otra referencia relevante es el economista británico David Ricardo, quien destacó la renta como ganancia que obtienen los propietarios de terrenos y percibió que esta es distinta a lo que reciben el trabajo y el capital por sus aportes en la producción.

Aterrizando el elusivo término, se tiene que en economía hay tres factores de producción: trabajo, capital y tierra (alguno añadiría hoy día capital humano o conocimiento). Cada factor genera una contraprestación por su aporte en la producción nacional. El trabajo recibe el salario, el capital recibe el interés y la tierra la renta. La renta viene a ser lo que el dueño de un suelo y un subsuelo recibe por lo que se produce o extrae de él. Los terratenientes, tan repudiados en discursos de reforma agraria, son propietarios de suelo que no se creó ni se produjo por trabajo o inversión humana. El suelo está dado, es imposible producir terrenos con nuestra tecnología actual. En la América Hispana, desde la legislación colonial española, el subsuelo es del Estado: las minas y yacimientos hispanoamericanos son propiedad Estatal.

La renta se asocia en muchos casos al ocio. Baptista lo expresa claramente en su obra mencionada: “Quiere aquí decirse que la renta se capta en lugar de producirse”. Al tenerse rentas obtenidas sin trabajo o inversión, el rentier suele conformar una ‘clase ociosa’, sin iniciativa empresarial alguna.

Los venezolanos Luis Pedro España y Osmel Manzano (2) distinguen el concepto de renta absoluta y renta diferencial. Considerando en el caso petrolero, la renta absoluta viene a ser la regalía que cobra el Estado para dejar al productor usar sus yacimientos. La renta diferencial es un concepto más sutil y distingue la productividad de los pozos. El petróleo se vende a un precio único de mercado fijado internacionalmente para petróleo de la misma calidad (los referentes habituales son el West Texas Intermediate en EEUU y el Brent en Europa, si bien Colombia emplea el segundo en sus exportaciones). El Estado propietario de los pozos, aunque sean menos o más productivos, cobra lo mismo por cada barril, aunque el coste de producción sea mayor en pozos menos eficientes.

El mencionado Baptista distingue el concepto de renta internacional. La renta petrolera que obtiene el Estado incorpora la fluctuación internacional del precio petrolero exportado y este valor que se crea cuando sube el precio no tiene contraprestación alguna con valor agregado doméstico. ‘Algo’ que está ocurriendo fuera del mercado interno genera unas rentas extraordinarias al Estado patrimonialista petrolero. Baptista estima que entre 1925 y 1995 Venezuela obtuvo una media anual de 13,1% de su PIB por este concepto.

Lejos de ser un problema hispanoamericano, la renta de los yacimientos petroleros también está en la agenda de naciones anglosajonas y escandinavas. En 2007 Ed Stelmach asumió el gobierno de la región petrolera canadiense de Alberta. Él quiso que la provincia, dueña de los yacimientos, “obtuviese su justa participación en el boom petrolero”. Así que subió en 20 puntos porcentuales la regalía estatal, llevándola a niveles de 55%. Este es uno de los grandes temas sobre la renta petrolera: ¿Qué porcentaje de la ganancia originada al explotar un pozo petrolero se lleva el dueño del terreno y qué parte corresponde al productor que hace la inversión extraer el petróleo? La regalía promedio internacional fue de 68% en 2007, un año de buenos precios del crudo, justo antes de la Gran Recesiòn (3). Los niveles más bajos están en naciones anglosajonas: Reino Unido y Canadá, en torno a 50%.

La reacción de políticas públicas venezolanas ante el rentismo petrolero fue guiada en el Siglo XX por personajes ajenos al mundo de la economía. Se puede argüir que no había en su tiempo mucha literatura especializada sobre la materia, mas ciertamente su pensamiento tenía mucho de intuitivo y poco de riguroso. Arturo Uslar Pietri (1906-2001), renombrado escritor, acuñó la expresión “Sembremos el petróleo”, proponiendo que las rentas petroleras se invirtiesen en agricultura e industria. No obstante el pensador que tuvo más influencia política fue Juan Pablo Pérez Alfonzo (1903-1979), quien legó obras como Petróleo y Dependencia en 1971, incorporando conceptos como el de Uslar Pietri, al hablar de “carrera ganada” cuando el sector no petrolero crece a un ritmo mayor. Este personaje fue el mentor petrolero del partido Acción Democrática: abogó por mantener la producción baja, al ser el petróleo un recurso no renovable, promovió que el Estado recibiese una renta ‘justa’ y lamentaba la dependencia de trasnacionales para extraer el petróleo. La filosofía de este personaje influyó en la nacionalización de la industria petrolera venezolana en 1976 y la creación de la OPEP en 1961.

Es poco usado el término rentism en literatura de economistas anglosajones. Richard Auty en 1990 (4) habla de una teoría del ciclo rentista (rent cycling theory) y señala que el crecimiento económico se ve desfavorecido en países con elevadas rentas petroleras o minerales, donde la élite política toma por objetivo capturar esa propiedad, mientras en naciones sin estas rentas sólo se genera ingreso desde una sociedad productiva y democrática. Esta línea de trabajo destaca el papel de las instituciones para el manejo de la renta. Frankel menciona a los historiadores económicos Engerman y Sokoloff, quienes encuentran que tierras abundantes en riqueza mineral y plantaciones como azúcar o algodón han favorecido instituciones como la esclavitud, la dictadura, el control estatal y la desigualdad social. Di John (5) habla de un Modelo de Estado Rentista (Rentier-State Model), donde se genera una conducta de búsqueda de rentas (rent seeking) en la sociedad, promoviendo corrupción (lo cual encarece proyectos de inversión privada) y donde la renta disminuye la necesidad del Estado para aplicar impuestos, lo cual disuade al ciudadano de participar en la política y hacer exigencias a los administradores públicos.

La literatura económica maneja más bien el concepto de Resource Curse o Maldición de los Recursos Naturales Abundantes, para referirse a la paradoja de economías ricas en recursos naturales como el petróleo y que van rezagadas en crecimiento económico. El rentismo tendría, bajo este enfoque, una serie de problemas económicos reales y mensurables:

El primero es la volatilidad de la renta. Los ingresos por exportaciones de materias primas están sometidos a volatilidad relevante. Sólo por mencionar el caso venezolano, en 1998, cuando asumió Hugo Chávez, la cesta OPEP costaba 12 dólares estadounidenses (16 dólares actuales, suponiendo inflación de 2% anual), mientras que en la mayor parte de la primera década del Siglo XXI estuvo en torno a 100 dólares. El precio del petróleo tiene una volatilidad del precio mensual próxima a 10% entre 1991 y 2009. En contraste, las materias primas agrícolas y los metales arrojan una volatilidad inferior al 5% en ese lapso (6). El problema de la volatilidad conduce a distorsiones económicas: los ingresos fiscales y las exportaciones se disparan en época de boom, llevando en muchos casos a que los gobiernos aprovechen su mayor capacidad de endeudamiento para promover inversiones de corte desarrollista. Cuando caen los precios del petróleo o mineral exportado, como está ocurriendo ahora, el Estado se encuentra sin flujo de caja para cubrir la mayor carga de deuda, escasean las divisas necesarias para honrar endeudamiento externo y se descuadra el presupuesto nacional. Alternativas como devaluación y sistemas de control de cambios son el resultado.

Los países han encontrado tecnologías institucionales ante este problema. Chile, exportador de cobre, ha establecido una política fiscal contracíclica. En el período de boom del cobre entre 2007 y 2008, se mantuvieron rentas estatales de  22.000 millones de dólares, 22% del PIB, invertidas en ‘fondos soberanos’. Estos son fondos de inversión cuya idea es casi bíblica: guardar la renta de los tiempos de vacas gordas para los de vacas flacas. El gasto público se ajusta al alza o baja según un comité de expertos independiente estime el comportamiento a largo plazo del precio del cobre (7). El boom de 2007-2008 se vio como algo transitorio y el gobierno de Bachelet resistió la tentación de ahorrar estas rentas. Otro componente esencial en el modelo chileno es mantener un tipo de cambio flexible, evitando el inútil compromiso de emplear la renta para sostener un tipo de cambio artificialmente sobrevaluado. En Venezuela se ha defendido mantener el tipo de cambio apreciado para promover las importaciones del sector real no petrolero, en línea con el legado Uslar Pietri-Pérez Alfonzo, resultando en salidas masivas de capital al extranjero o devaluaciones recurrentes.

En el caso de la provincia canadiense de Alberta, se usan también fondos soberanos: el Alberta’s Sustainability Fund y el Heritage Savings Trust Fund, evitando también un comportamiento ‘pro-cíclico’ del gasto público, con incremento bajo boom petrolero y  posterior contracción.

Un caso no menos interesante es Alaska con su Alaska Permanent Fund, donde el gobierno regional reparte la mitad de la renta obtenida por petróleo entre los ciudadanos directamente, dando a cada ciudadano lo que le corresponde como copropietario del recurso natural. Inteligencia Petrolera ha hecho una nota sobre este caso, cuyo enlace es: http://inteligenciapetrolera.com.co/inicio/regalia-directa-el-petroleo-en-alaska-llega-a-cada-ciudadano-por-carlos-goedder/

Hay soluciones teóricas atractivas. El venezolano Francisco Rodríguez y Jeffrey Sachs proponían desde 1999 una regla de cuenta corriente de balanza de pagos equilibrada. El valor de exportaciones que supere un valor prefijado (la media de superávit en cuenta corriente fue 1,5% del PIB entre 1972 y 1993 para Venezuela) se puede colocar en inversiones internacionales (como los ‘fondos soberanos’) y generar un flujo recurrente de ingresos por intereses. (8). Frankel propone que los gobiernos con rentas petroleras y minerales emitan bonos de deuda pública referenciados al valor de la materia prima que origina sus ingresos: cuando el precio de la materia prima sube se paga mayor interés y cuando baja disminuye el cupón que paga el Gobierno. Esto evita desequilibrios en las cuentas fiscales y es atractivo para empresas industriales que compran estas materias primas y precisamente tienen más ganancias (y demandarían menos ingresos financieros por intereses) cuando cae el precio de esos insumos.

El segundo efecto de esta dependencia de rentas provenientes de recursos naturales es la Enfermedad Holandesa, la cual es una regularidad empírica en naciones que al tener boom de exportaciones petroleras se encuentran con una apreciación de su moneda, lo cual estimula importaciones y envíos de capital al exterior, resultando incluso en déficit de cuenta corriente en la balanza de pagos. La moneda fuerte resta competitividad a exportadores no petroleros. Además se genera inflación en el sector ‘no transable’, esto es, servicios y bienes que no se pueden importar, como es por ejemplo el precio de la vivienda, los alquileres y precios en sectores de restauración y alojamiento.

Este recorrido por literatura invita a pensar que el rentismo no es la única solución institucional y social a la abundancia de recursos naturales. Países exportadores de petróleo como Canadá o Noruega están ajenos a la dinámica de Venezuela. En África, Botswana es un caso exitoso de exportador de diamantes, sin pasar por la tragedia de los llamados ‘diamantes de sangre’ de sus vecinos africanos (en un memorable diálogo de la película “Diamantes de sangre de 2006, un africano le dice al protagonista, interpretado por Leonardo di Caprio, comentando sobre la guerra civil generada por el tráfico de diamantes: “¿Te imaginas si encontraran petróleo?”).

Una economía que tiene abundancia en petróleo o minerales para nada tiene que sentirse moralmente culpable y tampoco tiene porque encomendarse a un ‘Estado sabio’ que redirija la actividad nacional hacia otras actividades. El desarrollismo de la Gran Venezuela, impulsado por Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno (en el cual se nacionalizó la industria petrolera en 1976) y perpetuado hasta el presente no ha generado desarrollo agrícola o industrial. El propio Pérez intentó revertir esto en su segundo gobierno, entre 1989 y 1993, acabando excluido del gobierno y sometido a prisión, precisamente porque los partidos venezolanos temieron este cambio. Rafael Caldera y Hugo Chávez devolvieron a la sociedad su ansiada condición rentista, con su Estado económicamente poderoso y toda una red clientelar para capturar la renta, disparada a máximos en la década reciente. Maxim Ross estima que desde 1950 Venezuela ha recibido por renta petrolera la insólita cifra, a valor presente y en inglés, de 1,3 trillion dollars, esto es, en notación castellana, la obscena cifra de 1 millón 329.132 millones de dólares (9). Esto equivale a más de tres veces el PIB colombiano actual.

Toda sociedad capitalista partió de un estado de dependencia en recursos naturales abundantes y los sistemas tanto feudal como mercantilista, previos a la Revolución Industral se fundamentaron en rentas de la tierra. La transición hacia la economía de mercado desde el rentismo demanda un arreglo institucional que favorezca responsabilidad fiscal y resuelva el problema sobre la propiedad del recurso, estimulando participación ciudadana y acceso individual a esa renta, en lugar de un Estado Patrimonialista que fue la ruina de la España Imperial y lo sigue aún para la mayor parte de Hispanoamérica.

 (1) BAPTISTA, Asdrúbal. Teoría Económica del Capitalismo Rentístico. Caracas: Ediciones IESA; 1997.

(2) ESPAÑA, Luis Pedro y Osmel Manzano. Venezuela y su petróleo. El destino de la renta. 2ª Edición. Caracas: Fundación Centro Gumilla. 1995.

(3) THE ECONOMIST NEWSPAPER GROUP. “Canada. Sweating the sands”. The Economist, 03/XI/2007, p. 58.

(4) FRANKEL, Jeffrey. “The Natural Resource Curse: A Survey”. NBER, working paper 15836. 2010.

(5) DI JOHN, Jonathan. “The ‘Resource Curse’: Theory and Evidence”. ARI 172/2010, 15/II/2010. Disponible en el sitio web del Real Instituto Elcano (http://www.realinstitutoelcano.org/)

(6) MURRAY, John. “Is there a commodity curse? Lessons from the past”. BIS Review 63/2010.

(7) DE GREGORIO, José. “Economic growth in Chile and cooper”. BIS Review 106/2009.

(8) RODRÍGUEZ, Francisco y Jeffrey Sachs. “Why Do Resource-Abundant Economies Grow More Slowly”. Journal of Economic Growth. 4:277-303 (September 1999).

(9) ROSS, Maxim. ¿Capitalismo Salvaje o Estado Depredador? Caracas: Ediciones Alfa, 2008.

 carlosurgente@yahoo.es     @carlosgoedder   Facebook: Carlos Goedder

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